Fransisco de Quevedo y Villegas
Fransisco de Quevedo y Villegas nació el miércoles 14 de Septiembre de 1580 en Madrid, hijo de Pedro Gomez de Quevedo y María de Santibañez. Quevedo tuvó 5 hermanos: Pedro, María, Felipa, Margarita y María.
En 1601 se traslada a Valladolid. Tras tres años de estancia ahí, su fama como poeta le lleva a mantener correspondencia con los hombres más sabios de España. Su voto era temido en la provisión de cátedras. Conoce a Pablo Rubens, Miguel de Cervantes y sostiene su primer rifirrafe con Luis de Góngora, antagonismo que no lo fue solo en materia personal sino de entendimiento del arte, erigiéndose Luis de Góngora en caudillo del culteranismo y Francisco de Quevedo en caudillo del Conceptismo, e inicia correspondencia con el sabio humanista Justo Lípsio con ocasión de la publicación por parte de éste de su obra De Vesta et Vestalibus Syntagma y quien llegó a decir de Quevedo que era la “gloria excelsa de los españoles”.
En el año 1602 y con motivo de la celebración de la canonización de San Raimundo se presenta al Certamen al mejor soneto en portugués premiado con “tres varas de raso negro rico”. Durante el año 1603, Quevedo se entregó a una intensa labor literaria, producto de la cual fueron su soneto alabando a Lope de Vega, sus poesías contra Góngora, mas de veinte composiciones recogidas por Pedro de Espinosa y Miguel de Madrigal.
Alrededor del año 1605, compuso otra infinidad de obras entre ellas figuran las recogidas, posteriormente, en 1611, por Don Juan Antonio Calderón para la segunda parte de las Flores de poetas ilustres de España, otras dadas a conocer en El Parnaso Español (1648) y otras en Las tres musas ultimas castellanas (1670).
En los albores de 1607, Quevedo comenzó a componer El Alguacil Endemoniado dedicado al marqués de Villanueva del Fresno y Barcarrota que, agradecido, a finales de aquel año le invitó a pasar una temporada en su casa de Villanueva del Fresno en la provincia de Badajoz, en cuyo retiro compuso El Sueño del Infierno, y que acabó a finales de Abril de 1608, con veintiocho años de edad. El resto del año 1608 y casi todo 1609 lo dedicó a la actividad de tipo clásico y erudito.
Con motivo de la llegada a Madrid, en Abril de aquel año 1609, de Don Luis de Góngora mantiene Quevedo su segundo rifirrafe con el y a quien dedica algún romance y el conocido soneto que comienza: “Yo te untaré mis versos con tocino, porque no me los muerdas Gongorilla”.
Don Francisco invirtió el resto de 1619 en continuar una obra comenzada en 1609 o 1610: La vida de Fray Tomás de Villanueva, labor biográfica en la que tenía gran empeño por haber dejado un gratísimo recuerdo en la Universidad de Alcalá y porque en sus continuos viajes a la Torre de Juan Abad, había conocido en Villanueva de los Infantes a algunos de sus parientes, si bien, el insigne prelado había nacido en 1488 en la Villa de Fuenllana, cercana a Villanueva.
En 1920, al ver que ya no estaba produciendo lo suficiente, vendió La Torre de Juan De Abad. En este año, don Francisco tomaba posesión de una casa que había comprado el 23 de Agosto en la calle del Niño, hoy de Quevedo, junto a las casas de Cervantes y de Lope de Vega en las calles de Francos y Cantarranas, hoy de Cervantes y Lope de Vega, respectivamente. Por azares del destino esta casa que compró Quevedo, estaba habitada por Luis de Góngora y Don Francisco impuso el lanzamiento. Góngora obligado a buscar otro domicilio se desató una vez mas contra Quevedo y contestándole éste, se inicio un nuevo ir y venir de sonetos y letrillas.
Cuando todo parecía resolverse el 4 de Enero de 1622 se le ordena que salga de Madrid “sin detenimiento alguno” y se fuese a la Torre de Juan Abad. Cae enfermo y se le permite, por no haber medico ni botica, trasladarse a Villanueva de los Infantes. Llegado Marzo de 1623, y por intercesión de Olivares, se le levanta el destierro sin que se hallara ni hiciera cargo ninguno.
Quedaba una rama de las letras aun no cultivada por Quevedo y esa era el teatro. Su primera comedia fue escrita en colaboración con Antonio de Mendoza y Mateo Montero y fue representada en el Real Alcázar el 9 de Julio de 1625. Escribió después muchos bailes (los mejores del teatro español), loas, jácaras, diálogos y entremeses, que siguen la línea de los de Cervantes.
El mes de Junio de aquel año fue invitado por su amigo Don Antonio de Mendoza a escribir juntos una comedia para obsequiar a sus Majestades la noche de San Juan. La titularon Quien más miente medra más e invirtieron en su composición un solo día.
1633 fue uno de los más prolíficos de Quevedo. A principios de él, recogió los materiales antiguos de suDoctrina moral del conocimiento propio, le adicionó dos tratados, el Modo de resignarse en la Voluntad de Dios nuestro Señor y La Doctrina para morir, o sea, laPrevención para la muerte; limó todo, lo refundió completamente y la dio por titulo La cuna y la sepultura.
En 26 de Febrero de 1634, servata forma Concilii tridentini, fueron casados por palabras de presente don Francisco de Quevedo, señor de la Villa de Juan Abad, del reino de Castilla, con la señora desta villa de Cetina, Doña Esperanza de Mendoza.
Regresa de nuevo a la Torre en Diciembre, pero apenas había tenido tiempo para descansar, cuando recibió orden del Rey y un propio del duque de Medinaceli para que marchase a Madrid. A toda prisa se dirigió a la Corte el 16 de Enero de 1639. Se hospeda en el palacio del duque, quien, sin duda trataba de consultar a Quevedo sobre el nombramiento que acababa de recibir de virrey de Aragón. El duque rechazó el nombramiento, curiosa coincidencia con Quevedo de no querer aceptar puesto alguno que les supusiera ser cómplices de la política del Conde-Duque.
Sucede entonces a primeros de Diciembre que El Rey, al sentarse a la mesa, halló debajo de la servilleta el Memorial que comenzaba:
Católica, sacra y leal majestad,
Que Dios en la tierra os hizo deidad;
Un anciano pobre, sencillo y honrado,
Humilde os invoca, y os habla postrado.
Llamado el Conde-Duque, se practicaron averiguaciones y no tardó en presentarse el Judas, delatando a Quevedo. Sea quien fuere el delator, el Rey determinó prender a Quevedo, y el Conde- Duque darle un castigo ejemplar. Quevedo supo el nombre de su delator pero siempre guardó silencio sobre el mismo, quien, ordenada la prisión para la noche del día 7 de Diciembre, tuvo la inconcebible desvergüenza de pasar “toda la tarde” con Don Francisco.
Sin que se pudiera dulcificar su prisión Quevedo cae gravemente enfermo al sentirse morir, tuvo la debilidad de solicitar clemencia al Valido. Tras la caída del Conde- Duque, en 1643, se ordenó su desencarcelamiento.
Fue su última carta. Había hecho testamento el 26 de Abril y codicilo el 24 de Mayo. Dispuso que su cuerpo fuera sepultado, por vía de depósito, en la capilla mayor del convento de Santo Domingo, para que de allí le transfirieran a la Iglesia de Santo Domingo el Real de Madrid.
Era el 8 de Septiembre cuando expiraba don Francisco de Quevedo y Villegas, Caballero de la Orden de Santiago y Señor de la Torre de Juan Abad. Sus amigos no respetaron su voluntad y le dieron sepultura en la parroquia de San Andrés en la Capilla de los Bustos. No respetaron sus huesos que siglo y medio después fueron mezclados en una fosa común.
Si te gustaría concoer más detalles de la ocupada e intensa vida de Don Francisco, te invitamos a visitar la página web de la Fundación Francisco de Quevedo.
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